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Vivir solo o vivir en soledad: ¿lo eliges tú o lo elige la sociedad?

CARMEN FERNÁNDEZ HERNÁNDEZ
Arquitecta Técnica especialista en Accesibilidad Universal. Inició su labor profesional como directora de obras y como calculista de estructuras. Cuenta con 28 años en la Fundación ONCE en el campo de la accesibilidad universal, realizando acciones dirigidas a fomentar el diseño para todas las personas y actividades específicas de sensibilización y formación a nivel nacional e internacional, redacción de diferentes publicaciones, coordinación de premios y organización de eventos accesibles.

La tendencia a nivel mundial de crecimiento de las viviendas unipersonales, ha sido notable en las últimas décadas, en concreto en los últimos 38 años el aumento de dichos hogares ha sido de un 123% y aunque España es uno de los países europeos con menor porcentaje de hogares unipersonales, según el Focus on Spanish Society, se espera que esta tendencia al alza sea exponencial en el futuro, e incluso adelante a otros países. Según este informe, mientras que, en los países nórdicos y Alemania, la población que vive en hogares con una sola persona es aproximadamente un quinto de la población, en los países del sur de Europa el porcentaje oscila entre el 9% y el 14%. En América Latina ésta situación también se ha incrementado notablemente, así en Buenos Aires los hogares unipersonales rondan el 35,6% y en Chile y Brasil en torno al 28%.

Varios son los factores que contribuyen a este cambio en la estructura de los hogares:

  • Cambios en la estructura familiar. Las familias actuales tienden a ser más pequeñas y hay un aumento en el número de personas que viven solas. Antes una nueva pareja era una familia en potencia. Hoy, una nueva pareja, son dos posibles hogares unipersonales. Esto puede deberse a cambios en las actitudes hacia el matrimonio, las decisiones de planificación familiar y los cambios en las prioridades personales como lanzar la carrera, el posicionamiento laboral, viajar y otros.
  • Aumento de personas solteras. El número de personas que deciden vivir solas, ya sea por elección personal o debido a circunstancias como la madurez emocional, el retraso en el matrimonio o la vida en pareja, divorcios, viudez o personas con discapacidad, ha aumentado. Las personas solteras pueden preferir vivir solas por razones de independencia, estilo de vida o trabajo.
  • Crecimiento demográfico. En algunas regiones, el crecimiento demográfico y la urbanización han llevado a una mayor demanda de viviendas, y las viviendas unipersonales pueden ser una respuesta eficiente a esta demanda.
  • Cambios socioculturales. Cambios en las normas culturales y sociales pueden influir en las decisiones de las personas sobre la estructura de sus hogares. La aceptación social de vivir solo ha aumentado y no está mal visto, lo que contribuye a un mayor número de hogares unipersonales. También los movimientos migratorios dificultan las relaciones y la convivencia y apuestan por el individualismo.
  • Mayor movilidad laboral. Las oportunidades de trabajo pueden requerir que las personas se muden con mayor frecuencia y vivir solas puede ser una opción más práctica y flexible en términos de movilidad.
  • Tecnología y conectividad. La tecnología ha facilitado la comunicación y la conexión social, lo que permite a las personas mantener relaciones y participar en actividades sociales sin necesidad de compartir el mismo espacio físico.

El impacto de la soledad en la salud

Este aumento de la vida en solitario es un fenómeno urbano muy interesante que se debe analizar, ya que la intimidad y el aislamiento consiguen aportar libertad, pero también pueden afectar a la salud y provocar perjuicios en el bienestar físico y emocional. «Vivir solo» y «vivir en soledad» son conceptos que, a menudo, se entrelazan, pero no son lo mismo y tienen connotaciones diferentes.

“Vivir solo” se refiere a la situación en la que una persona reside en un lugar sin la compañía directa de otras personas. Puede implicar tener un espacio de vida individual, independientemente de la cantidad de interacción social que tenga fuera del hogar. Puede ser una elección consciente para las personas que valoran la independencia, la autonomía y la privacidad.

“Vivir en soledad” implica una experiencia emocional y subjetiva de aislamiento o falta de compañía, independientemente de si la persona comparte o no su espacio físico con otros. Una persona puede sentirse sola incluso si vive con otras personas. La soledad puede ser positiva o negativa. Puede ser una experiencia enriquecedora si se elige para la reflexión o para disfrutar de actividades personales. Sin embargo, la soledad no deseada o persistente puede tener efectos negativos en la salud mental y emocional.

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Algunas personas disfrutan de vivir solas y encuentran satisfacción en su independencia, mientras que otras pueden sentirse solas incluso en compañía. La calidad de las relaciones, la conexión social y la autonomía son factores clave que influyen en cómo una persona percibe su situación de vivir solo o en soledad.

Es importante señalar que la elección de vivir solo no implica necesariamente sentirse solo, y las personas que viven acompañadas pueden experimentar soledad. La salud emocional y la felicidad están vinculadas a la calidad de las relaciones interpersonales y a la satisfacción personal, independientemente de la elección de vivir solo o acompañado. Pero hay que considerar que lo que puede ganar una persona en independencia lo puede perder en sensibilidad social.

Las personas que mantienen relaciones de afecto se mantienen más saludables y viven más felices. Por el contrario, las personas que no fomentan las relaciones sociales y están aislados son intolerables y resultan tóxicas. Esta desconexión y su impacto en la salud es motivo de preocupación en el mundo entero, coincidiendo con los tiempos en que cada vez surgen más plataformas y aplicaciones sociales para conectar, conocerse, buscar pareja, interactuar y compartir información y noticias. Esto pone de manifiesto las dificultades para la conexión interpersonal y para dialogar. Para muchas personas es la excusa perfecta para quedarse en casa, tener muchos amigos y muchos “me gusta” y no compartir espacio real. Incluso, vemos como muchos adolescentes se comunican mediante texto y emoticonos sin necesidad de hacer esfuerzo por dialogar, pensar y hacer uso del lenguaje.

Perfiles de los hogares unipersonales

Los avances médicos y la calidad de vida harán que vivamos más años, pero lo haremos solos. Mejor dicho, solas, ya que según el INE las mujeres viven más años que los hombres, por lo que para el 2031 la mayoría de los hogares unipersonales serán de mujeres muy mayores, con buena salud para vivir solas, pero con la asistencia de una red de apoyo, familiar o de los servicios sociales.

La edad de los hogares unipersonales bajaría si en España se llevaran a cabo políticas de incentivación para que los jóvenes se marcharan antes del hogar paterno. En los países nórdicos hay alquileres sociales que animan a los jóvenes a emanciparse, reduciendo su nivel de vida a cambio de su independencia.

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Según el Observatorio Estatal de la Discapacidad, en España viven solas 1,1 millones de personas con discapacidad, que sí tienen una soledad no deseada, que afecta a su bienestar emocional y a su salud, ya que es una situación que no escogen y que persiste en el tiempo. Esta proporción aumenta con la edad y es mayor en varones de edad intermedia. El mayor porcentaje de personas que viven solas se da entre los grupos con discapacidad visual, auditiva y movilidad reducida. Y el menor, entre los grupos con discapacidad intelectual y cognitiva. Gracias a la tecnología y la inteligencia artificial, podrán vivir solas, pero con el apoyo de la familia, los servicios sociales y los asistentes personales.

La distinción entre mayores de 65 años y menores que viven en viviendas unipersonales es fundamental desde el punto de vista del riesgo de pobreza o exclusión social. Según la UE-28, cerca del 40% de las personas menores de 65 años que viven solas se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, mientras que, entre las personas de 65 o más años en la misma situación, el porcentaje es del 26%. En España, esta diferencia es más pronunciada.

La cuestión socioespacial también es importante. Por lo general, los hogares unipersonales de personas jóvenes, fundamentalmente solteras y con alto nivel de estudios, y las personas de edad media, divorciadas, se ubican en el medio urbano. Y las situadas en las zonas periféricas se asocian a personas mayores, en estado de viudedad, vulnerables y con bajo nivel de estudios.

Cómo abordar el nuevo mercado

Según la publicación del INE “Proyección de Hogares 2020-2035”, en el año 2035 se sobrepasarán los 5,7 millones de hogares unipersonales. Este ascenso supone un reto muy importante para el sector inmobiliario, que debe ser capaz de responder a las demandas planteadas con propuestas más completas que únicamente la de reducir la superficie de la vivienda.

Esto requiere confeccionar nuevos conceptos en las políticas de vivienda, amparados por estudios legales, sociológicos, arquitectónicos y económicos que engloben todos los escenarios que presenta la sociedad actual. La normativa va muy por detrás de las demandas de los ciudadanos y se tiene que adaptar a las nuevas formas de vida para que, tanto el sector inmobiliario como el financiero, aborden la necesidad de viviendas unipersonales.

Los hogares unipersonales necesitan más vivienda en alquiler, más movilidad, más flexibilidad, preferentemente ubicadas en el centro, coherentes con la actual forma de vida, de diversas tipologías y características y variedad de precios. De lo contrario, el mercado optará por los pisos compartidos o las viviendas anticuadas de los mayores.

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Cómo deben ser las viviendas unipersonales

  • Ubicación y localización. Considerar la diversidad demandante según el colectivo. El single con alto poder adquisitivo prefiere vivir cerca del centro urbano, mientras que el single mayor busca una localización tranquila y en barrios con equipamientos, sobre todo, sanitarios, espacios verdes, culturales, comerciales, y buen transporte público. Por su parte, el single divorciado demanda lugares no tan céntricos, pero bien comunicados y económicamente viables.
  • Vivienda asequible y accesible. Fomentar la construcción de viviendas más pequeñas y eficientes para adaptarse a las necesidades de las personas que viven solas. Promover la accesibilidad en el diseño de viviendas, teniendo en cuenta las necesidades de todas las personas, independientemente de su estado civil. Una propuesta podría ser viviendas con un mínimo de 15 m2 con zonas de servicios comunes para socializar (si se hacen más grandes, la persona se acomoda y no saldría a socializar). Ya hay algunos países como Lituania, Suecia y Finlandia que han legislado en esta línea. Otra opción pueden ser las viviendas de 40 a 60 m2 con dos habitaciones, espacios amplios, flexibles y adaptables a diferentes usos como salón y trabajo, cocinas abiertas, la terraza y muebles que cumplan varias funciones.
  • Infraestructura urbana. Desarrollar infraestructuras urbanas que fomenten la movilidad sostenible y el acceso fácil a servicios, ya que las personas que viven solas pueden depender más de la movilidad individual. Hay poco interés por las plazas de garaje, pues hay muchos singles que no tienen coche en propiedad y usan los de alquiler. Crear espacios públicos que fomenten la interacción social y el sentido de comunidad, proporcionando áreas recreativas y de encuentro.
  • Servicios comunitarios. Ofrecer servicios comunitarios que aborden las necesidades específicas de quienes viven solos, como programas de apoyo emocional, grupos sociales y actividades recreativas. Establecer redes de vecindario para promover la colaboración y el apoyo mutuo entre personas que viven solas.
  • Flexibilidad laboral. Promover la flexibilidad en el ámbito laboral, permitiendo a las personas equilibrar mejor sus responsabilidades laborales y personales, lo que puede ser particularmente importante para quienes viven solos.
  • Cuidado de la salud mental. Sensibilizar sobre la importancia de la salud mental y ofrecer recursos para abordar posibles desafíos emocionales asociados con la vida solitaria. Facilitar el acceso a servicios de salud mental y programas de bienestar.
  • Políticas de vivienda y planificación urbana. Desarrollar políticas de vivienda que reflejen la diversidad de estructuras familiares, incluyendo opciones asequibles y adecuadas para hogares unipersonales. Integrar la planificación urbana para crear vecindarios inclusivos y sostenibles que aborden las necesidades de diferentes tipos de hogares.
  • Concientización y reducción del estigma. Fomentar la aceptación y comprensión de la diversidad en las elecciones de estilo de vida, incluida la decisión de vivir solo. Reducir el estigma asociado con la soledad, destacando los aspectos positivos y promoviendo la autonomía personal.
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