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Le Pavillon de Romainville, la revelación verde para el patrimonio cultural por Miralles-Tagliabue­­ EMBT e ilimelgo

Ha finalizado la transformación de Le Palais des Fêtes en Le Pavillon, el protagonista patrimonial de la ciudad de Romainville en París proyectado por Benedetta Tagliabue y su estudio de arquitectura Miralles-Tagliabue EMBT en colaboración con el estudio francés ilimelgo. El encargo llega a través de un concurso ganado para transformar y dotar de nuevas funciones al pequeño edificio preexistente que necesitaba una nueva vida. Nuevos volúmenes se suman a las preexistencias rehabilitadas creando un conjunto que enlaza la ciudad, el jardín y el bosque cercano. El nuevo centro cultural es un ejemplo más de la forma de materializar los proyectos del estudio: un gesto orgánico y capaz de conectar con los aspectos más sostenibles para la integración urbana y la inserción del verde en la ciudad, cuidadoso con el entorno y la memoria del lugar.

Sinergias entrelazadas: memoria, cultura y sostenibilidad

La arquitectura sensible y adaptable de Le Pavillon revaloriza el legado histórico existente y crea patrimonio para el disfrute de la ciudadanía. Se trata de un espacio de convivencia para todos los públicos, abierto a diferentes expresiones y prácticas artísticas, que fortalece el tejido cultural de Romainville. La comunidad se identifica  con este espacio por el que siente un orgullo colectivo especial, ahora renovado con las sinergias entre lo verde y la cultura en un lugar de vida abierto, en el corazón de la ciudad.

Este nuevo centro cultural se suma a las diferentes intervenciones que el estudio de Benedetta Tagliabue desarrolla en Le Grand Paris, un proyecto metropolitano que está redefiniendo la ciudad del futuro bajo los valores de accesibilidad, el respeto medioambiental y la mejora de la calidad de vida. Recientemente Benedetta Tagliabue ha sido galardonada con el premio ARVHA 2020 Prix des Femmes Architectes, ex aequo con Anna Heringer, lanzado por Asociación francesa de Investigación sobre la Ciudad y Hábitat. El premio da cuenta del valor que otorgan desde el Ministerio de Cultura francés, el Pavillon de l’Arsenal y el Consejo Nacional de la Orden de Arquitectos franceses a los últimos proyectos de la arquitecta.

Diálogos con el patrimonio para nuevas conexiones orgánicas

Atendiendo al cuidado por lo existente, el proyecto rehabilita la estructura del Pabellón de Polonia de la Exposición Universal de 1937 que formaba el antiguo Palais de Fêtes con fachada de acceso desde la calle. La historia del Pabellón se incorpora de esta manera al nuevo conjunto de piezas manteniendo su protagonismo como patrimonio cultural de la ciudad y dialogando con los nuevos volúmenes facetados.

La sensibilidad de la estrategia del proyecto consiste en crear nuevos volúmenes conectados orgánicamente con las antiguas piezas, el nuevo jardín y la ciudad. El valor de las ideas prevalece sobre cualquier gesto excesivo. El cuidado por la memoria del lugar determina el encaje del proyecto, que se resuelve con un acompañamiento al ciudadano: desde la ciudad al jardín y al bosque. Con el jardín diseñado, el verde entra en la ciudad a través del hall de acceso que sirve de enlace a pie de calle. La fachada a la calle ha sido tratada como una interfaz fundamental para permitir esa permeabilidad con el entorno urbano. Un juego de opacidades y transparencias en los huecos abiertos invita a entrar. El hall es también un lugar de encuentro y de articulación con los volúmenes construidos. A una escala urbana mayor, las nuevas piezas que componen Le Pavillon conectan con el paisaje de las antiguas canteras de la ciudad y se sitúan en el eje de enlace de la periferia con el centro de París.

Integración en el corazón de la ciudad, la cultura a pie de calle

Si el proyecto a escala urbana atiende y cuida las conexiones con el entorno y la ciudad de París, a pequeña escala prioriza la experiencia del usuario. El programa de Le Pavillon se resuelve con el diseño de diferentes piezas que permiten multiplicar las posibilidades escénicas y de actividades. La organización espacial favorece un uso contínuo y simultáneo de actividades en el centro, en cualquiera de sus espacios: hall de entrada y conexión, sala de eventos y sala modulable. Además, el centro alberga la casa de la filo, un espacio único en Francia que promueve recursos para la difusión de las prácticas y el pensamiento filosófico.

Le Pavillon es un proyecto altamente sostenible tanto por la idea de reutilizar las preexistencias de una forma cuidadosa, como por integrarse en el entorno creando nuevos espacios verdes y la utilización de los materiales producidos en éste. Las dos nuevos volúmenes construidos tienen una doble piel como fachada: hormigón visto y piel metálica con sombras verdes que nos recuerdan la cercanía del bosque. El juego de colores en la fachada se integra en el paisaje del jardín y dialoga con las piezas preexistentes. La fachada responde a una elección sostenible ligada a la naturaleza de Romainville en la que la industria ha tenido un papel histórico y social trascendente. Se trata de un homenaje al pasado industrial de Romainville.

Un lugar lleno de historia

La historia de este edificio empieza en 1937, con la construcción del Pabellón de Polonia en la “Exposition internationale des arts et techniques dans la vie moderne de Paris de 1937”. El alcalde de Romainville de la época, Pierre Kerautret, hizo comprar en 1938 la estructura metálica mientras se estaba desmontando, para reutilizarla como cubierta para una sala de fiestas y deportes. El nuevo pabellón fue el primer edificio institucional construido en la Avenida Paul Vaillant Couturier, una zona apenas edificada en la época. La sala principal de eventos, cuya cubierta está sustentada por la estructura metálica formaba el cuerpo principal, está alineada a la calle y flanqueada por 2 volúmenes más altos. El edificio ocupaba todo el frente de la calle en la parcela, dejando el resto del solar en la parte posterior, sin edificar. Testimonio de su época, el Palais des Fêtes ilustra el estilo industrial a través de la cubierta reutilizada y el estilo “Art Nouveau” en la decoración de las fachadas.  La construcción se acabó después de la guerra, y se utilizó como sala de cine, conciertos, banquetes y eventos culturales. Con el tiempo, la estructura metálica original quedó oculta y los volúmenes se fragmentaron en el intento de adaptar el interior a unos requisitos funcionales que evolucionaron con el tiempo.   

Redescubrir y revalorizar

El planteamiento del proyecto parte del diálogo constante entre la intervención y lo existente. Se trata de poner en valor la parte histórica más relevante (la estructura metálica) y conservar el máximo espacio libre en la parcela para convertirlo en un jardín que sea accesible al público. Un punto importante a resolver es la accesibilidad desde la calle, ya que el edificio existente se encontraba elevado respecto el nivel actual de la acera.

Partiendo de estas ideas conductoras, el nuevo programa se ubica en dos nuevos volúmenes independientes, que cumplen perfectamente las exigencias del programa y que se ubican como dos grandes cristales con formas anguladas, diferenciándose del existente y minimizando el impacto en el futuro jardín.

Un juego de luz, transparencias y colores

La remodelación completa de la fachada ciega hacia la calle nos lleva a crear un ritmo de grandes aberturas que conectan el espacio existente de la antigua sala de espectáculos con la ciudad. La estructura metálica histórica se descubre y se libera de todos los elementos ajenos, renaciendo como la protagonista de este espacio generoso, pensado entre la fachada abierta a la calle y el jardín conectado con la Corniche des Forts.

La antigua sala de fiestas se transforma, por un lado, en el nuevo espacio de recepción de las futuras salas de espectáculos y por el otro, en un porche abierto a la calle que permite el acceso libre del público al jardín posterior durante todo el día. El volumen antiguo se vuelve transparente, permeable, sin perder su carácter, y permite entrever el jardín desde la calle. Este espacio se vuelve diáfano, se llena de luz natural a través de las aperturas en la fachada y se transforma en porche y distribuidor para el acceso a las salas, a los despachos, a la asociación “Maison de la Philosophie” que se instalan en el ala oeste. Se igualan los niveles actuales con el nivel de la calle, permitiendo así conectar a pie llano calle, jardín y el resto de los espacios de planta baja.

Los espacios técnicos y de almacenaje se sitúan en un volumen independiente a continuación del ala este existente y a lo largo de la medianera. El acceso de los artistas está segregado por una entrada individualizada desde el jardín, así como el acceso para decorados y el material de espectáculos, completamente separados de los flujos de los espectadores.

Cada sala de espectáculo tiene un ambiente diferente. La sala de eventos, abierta hacia el jardín, disfruta de grandes ventanales que proporcionan luz y sensación de amplitud. El volumen de la sala penetra en el edificio existente y su estructura de cubierta, vista, completamente nueva, interpreta de una manera actual la estructura histórica. El tratamiento acústico de listones irregulares de madera se vuelve decorativo. Esta sala se puede prolongar al exterior al dejar abiertas las puertas hacia el jardín.

La segunda sala es modulable. Se destina a espectáculos de teatro y conciertos y es de color oscuro para responder mejor a las necesidades del programa. La configuración de la sala permite su uso con gradas moduladas o sin gradas. Su acceso se realiza a través de 2 vestíbulos, uno a cada lado de la misma, y el volumen se separa del resto del edificio mediante un pequeño patio ilumina el foyer y los espacios destinados a los artistas.

Las salas tienen en común el tratamiento de fachada, realizado con 2 capas independientes – una de hormigón visto pintado en colores, que corresponde al espacio interior, y otra de plancha metálica con diferentes perforaciones y colores que conforman el volumen exterior de la sala. El material de la cubierta es el mismo que el de las fachadas, conformando los volúmenes irregulares y singulares de las salas. Los dibujos sobre el hormigón se inspiran en figuras humanas en danza y movimiento, mientras que el dibujo de la chapa de diferentes colores y transparencias se inspira en un collage realizado a partir de la combinación de fragmentos de imágenes de la ciudad de Romainville – de sus edificios emblemáticos como su torre de telecomunicaciones, sus monumentos y sus fábricas. El empleo del material metálico es una referencia directa al pasado industrial y obrero de esta pequeña ciudad del este de Paris.

Todas las intervenciones son visibles y se lee perfectamente la nueva arquitectura en el empleo de los materiales y la composición volumétrica. El edificio queda transformado completamente, se abre a la ciudad y ofrece una imagen recompuesta a partir del volumen antiguo, creando un diálogo entre la memoria histórica y la intervención del proyecto.

Las intenciones del proyecto se leen en el resultado de la intervención y los vecinos de Romainville de todas las edades se han apropiado el nuevo centro cultural y social, así como el jardín. Los espacios de recepción y de circulación, generosos e iluminados de manera natural son escenarios privilegiados para nuevas actividades programadas o espontaneas.

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