InicioActualidadRehabilitaciónLa rehabilitación de La Carbonería en torno a sus historias entrecruzadas

La rehabilitación de La Carbonería en torno a sus historias entrecruzadas

La Carbonería, también conocida como la Casa Tarragó, un modesto edificio de viviendas de la década de 1860, ha emergido como un símbolo histórico y político en la ciudad. Tras su evacuación forzada en 2014, el edificio se convirtió en un icono gráfico, y en 2015, fue declarado patrimonio protegido por el Ayuntamiento debido a su condición de ser el edificio más antiguo en pie del Eixample, el innovador plan urbanístico diseñado por Ildefons Cerdà.

El edificio ha sido objeto de un ambicioso proyecto de rehabilitación, encargado por la nueva propiedad, que ha revelado una sorprendente historia oculta. Durante su diseño original, La Carbonería fue el centro de una disputa entre Cerdà y el Ayuntamiento de Barcelona, con visiones opuestas sobre la expansión urbana. El promotor del edificio, Narcís Tarragó, decidió enfrentar todas las fachadas a diferentes direcciones en un intento de prever los posibles cambios urbanísticos que afectarían su ubicación, incluyendo la posibilidad de un gran bulevar similar a los Campos Elíseos de París, coincidente con el antiguo Camino de Ronda, y que Cerdà rechazaba.

El diseño original del edificio refleja su incertidumbre: decidió colocar fachadas en todas las orientaciones del edificio. Por supuesto, la fachada del patio quedó completamente oculta al quedar descartado el gran bulevar en favor de la más modesta Ronda de Sant Antoni.

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Para cumplir con las condiciones de protección patrimonial, la fachada del patio debía ser devuelta a su estado original; y sus grandes ventanales, recuperados. Estos huecos fueron pensados por el promotor en 1864 para enfrentar al Camino de Ronda y a un posible Boulevard mucho más amplio que la actual Ronda de Sant Antoni, deseado por el Ayuntamiento, pero rechazado por Cerdà. Ahora, sin embargo, mirarían inquisitivos a dos medianeras ciegas.

El proyecto de rehabilitación recupera estas historias y traslada el desaparecido núcleo de comunicaciones fuera del edificio, saltando por encima del antiguo Camino de Ronda mediante unas pasarelas que hacen visible esta fachada interior y la integran en la vida cotidiana del edificio. Las pasarelas, el núcleo y la nueva medianera metálica generan un espacio comunitario tridimensional, un movimiento de personas y efectos que, de alguna manera, simulan la experiencia y la visión cambiante del bulevar que nunca llegó a hacerse.

Los técnicos municipales apoyaron la idea, a pesar de ser formal y normativamente poco ortodoxa (la normativa de protección del patrimonio exigía la restauración de las fachadas a su estado original, algo que las pasarelas, en esencia, modifican) porque de lo contrario, la fachada hubiese continuado oculta a la vida cotidiana y, con ella, quedaba invisible una representación de los hechos que dieron lugar a la Barcelona moderna.

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El arquitecto del proyecto, Ángel Borrego Cubero, destacó la importancia histórica del edificio, considerándola tan relevante como los aspectos energéticos o materiales de la rehabilitación. La distribución de las viviendas se ha diseñado de manera que enfatice el muro central y aproveche la iluminación natural y la ventilación cruzada para lograr un ahorro energético significativo.

Con una clasificación energética excelente, el edificio logra funcionar de manera similar a su estado original sin sacrificar la integridad del exterior. La fachada, que debía recuperar su estado original, ha sido restaurada cumpliendo con las normativas, aunque el mural existente tuvo que ser reemplazado debido a su deterioro.

Detalles del proyecto de La Carboneria

El edificio parece dado la vuelta. Tiene su fachada más llamativa escondida en un patio interior y, para hacerla accesible, su núcleo de comunicaciones se ha trasladado de dentro afuera. El diseño estructural del núcleo de comunicaciones, de las pasarelas y de la medianera busca alimentarse de esta situación. Las pasarelas quebradas se sujetan sin puntales o tirantes (esto es, sin una componente vertical), sino mediante un cruce de vigas en planta bajo dichas pasarelas, consiguiendo un funcionamiento estructural que no es evidente a simple vista, pero que permite más libertad de trazado en un espacio tan reducido y una apariencia más aérea para
los caminos que llegan a la puerta de cada vivienda. La estructura de la medianera, elevada hasta un 7º piso, permite el paso a su través, en planta baja desde el vestíbulo hasta el ascensor y escalera, y en la última planta para llegar a cubierta. Es, además, soporte para jardineras y su riego, la pre-instalación fotovoltaica y una serie de espejos que dirigen la luz del sol a la parte baja del patio en los meses de invierno.

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Izquierda: Parcela de La Carbonería en el Plan urbanístico de Rovira i Trias, mostrando el nuevo bulevar (plano de Garriga I Roca de 1862). Derecha: La parcela de La Carbonería en el Plan urbanístico de Ildefons Cerdà aprobado el 22 de junio de 1865. Fuente: Informe històrico-artistico del edificio de la calle Urgell 30 de Barcelona de Enric Granell en !Modificació puntual del Pla Especial de Protecció del Patrimoni Arquitectónic Historic-Artistic de la Ciutat de Barcelona (Districte de L”Eixample a la Finca de C/Urgell, 30 [La Carboneria] de novembre de 2015″, del Ayuntamiento de Barcelona

La rehabilitación mantiene la mayor parte de las preexistencias y pretende recuperar la diversidad de capas que han definido su carácter hasta la actualidad. Se mantuvo la estructura original del edificio todo lo posible. Sólo se sustituyeron los forjados de la cubierta catalana por estar en malas condiciones. El resto de forjados, muros y cimentación se reforzaron en la medida de sus solicitaciones, para acomodarlos a las exigencias actuales. Estos trabajos de refuerzo fueron obligatorios, pero una vez realizados, el sobrante de cargas útiles disponibles se utilizaron para hacer visitable la cubierta y situar una piscina colectiva de 1m de profundidad sobre el muro.

La distribución de las viviendas enfatiza el muro central, asociándose espacios de almacenaje e instalaciones a su trazado para reforzarlo visualmente. El espacio entre este sólido y los ventanales del patio se reserva para la cocina-comedor, comunicada con el salón gracias a dos huecos en el muro central, que, a su vez, conectan visualmente el patio interior con la calle, chaflán y trazado de Cerdà. Otras ventajas de este solución son una ventilación cruzada eficaz y una iluminación natural que aprovecha todo el recorrido solar, contribuyendo así al ahorro energético desde soluciones pasivas. Junto al uso de materiales originales, transpirables y otros acabados relativamente naturales, como la madera de pino a la cera y aceite, se consigue un espacio generoso y con poco impacto de sustancias volátiles.

Las instalaciones se concentran en el castillete de cubierta, que tiene una posición similar al original. Todas las salidas de ventilación y máquinas se hicieron coincidir con este volumen. El diseño de la cubierta intenta integrar volúmenes y materiales con los del contexto y la poca jardinería de cubierta se plantea como un reflejo de la existente en la colina de Montjuic, a la que mira la piscina.

Se realizaron exhaustivos estudios energéticos, con simulaciones completas del edificio, hasta encontrar una solución energética satisfactoria que permitía al edificio funcionar de manera similar a la original, una decisión que, en la visión del arquitecto, tiene valor didáctico para el sector de la edificación. Aislando la cubierta junto a la incorporación de carpinterías y vidrios pensados para aislar térmica y sobre todo acústicamente de la ajetreada calle Urgell, se obtuvo una clasificación energética excelente (B, que implicaba, en este caso, un consumo medio inferior al 60% de la media) sin necesidad de añadir aislamiento a las fachadas exteriores, opción que hubiese dañado el exterior del edificio, hubiese restado espacio al interior y hubiese creado otros problemas propios de las soluciones multicapa más adecuadas para climas extremos.

Por normativa, la fachada debía recuperar su estado original. Materialmente hubiese sido también imposible mantener el mural existente por el deterioro del estuco de base bajo los ventanales, que se estaba desprendiendo. Por otra parte, parecía muy dudosa su reutilización como fachada pública de un edificio reformado, algo posiblemente contrario a la intención original de sus autores. Se hicieron esfuerzos por y se consiguió mantener la tradicional tienda de muebles del Sr. Garriga en los bajos de la finca.

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