Música y danza se dan la mano gracias a un diseño eficiente de espacios flexibles

Los estudios Pinearq y Estudio Norniella están diseñando la nueva Escuela de Música y Danza en Pozuelo de Alarcón (Madrid): un nuevo icono para la ciudad con luz natural en todos los interiores y materiales KM0.

Los reconocidos despachos obtuvieron el primer premio en el concurso abierto en 2020 por el ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón (Madrid). La nueva escuela de música y danza ocupará un solar vacío en un contexto residencial de grano pequeño, una esquina de una manzana ocupada por un complejo escolar: por un lado, un instituto y, por el otro, una guardería. Por esto, se propone un edificio formado por tres volúmenes independientes, unificados por un cuerpo bajo, con el objeto de evitar la masificación de un bloque unitario. Además, se apuesta por cubiertas verdes y zonas exteriores completamente ajardinadas que deben funcionar como amortiguadores entre los usos del entorno y los propuestos en el propio equipamiento. En este espacio externo, se localizará un pequeño anfiteatro para uso tanto de la escuela y como de los vecinos.

El programa reúne la escuela, un auditorio y servicios complementarios como una biblioteca y una cafetería. Se planteó que cada uso pudiera funcionar de manera totalmente independiente o en relación según las actividades a desarrollar y los horarios de realización: por esto la distribución se resuelve al componer un complejo de tres volúmenes diferentes y autónomos que se unen a través de un vestíbulo central. En este espacio vertebrador de unión se plantean grandes lucernarios circulares que marcan los accesos principales a cada actividad.

El marcado desnivel del terreno, de casi 12 metros, condicionó la disposición de los volúmenes y la altura reguladora. Solo se plantearon dos plantas sobre rasante, así que se proyectó una tercera soterrada y se crearon patios ingleses que, por un lado, podrán convertirse en espacios de relación entre los estudiantes y, por otro, permitirán que la luz natural llegue a todos los espacios. Estos patios están, realmente, en planta baja por ese juego de niveles que permitió la pendiente del terreno.

La vegetación actúa en la desmaterialización del edificio y en la descomposición del volumen general, así que se proponen diferentes estrategias para la incorporación de vegetación: además de los jardines que rodean al edificio con grandes masas arbóreas, se proyectan cubiertas vegetales y franjas verdes en los recorridos principales. Los materiales escogidos, tanto para la estructura como para las fachadas y los acabados interiores, cumplen con la filosofía KM0: materiales locales, que respetan el medio ambiente y se reduce el transporte.

Igualmente, para aumentar el rendimiento y disminuir el consumo de energía, se propone una doble piel para la fachada; para la exterior se usa una pieza cerámica en forma de Z que se coloca de dos maneras, según las actividades del interior: en alineación compacta para ocultar ciertos usos como núcleos de circulación o baños. En el resto de la fachada, las piezas se disponen espaciadas para dejar pasar la luz natural hasta todas las estancias. Entre las pieles, se dispone una pasarela que permita el mantenimiento durante la vida del edificio. En la fachada interior, se apuesta por un sistema de aislamiento térmico de exterior (SATE) que aumenta el confort climático y el rendimiento térmico general del edificio.

Finalmente, se opta por una estructura de placas alveolares que permitan reducir el número de pilares y luces grandes que permitan la flexibilidad funcional, actual y futura. El vestíbulo central se plantea sin pilares para crear un gran espacio libre cubierto, cerrado con muros cortina.

Imágenes cedidas: Pinearq