Arquitectura brutalista en Madrid: un recorrido por un estilo arquitectónico controvertido

Los orígenes del brutalismo

El brutalismo surge a mediados del siglo XX como una arquitectura ideal para la construcción de grandes sedes corporativas, centros comerciales, campus universitarios, sedes de instituciones y viviendas sociales. Unos de los primeros arquitectos en utilizar este estilo fueron Alison y Peter Smithson, que buscaban la funcionalidad en la construcción y se caracterizaban por la ausencia de decoración en sus diseños de viviendas oficiales en el Reino Unido.

El término «brutalismo» proviene del francés «betón brut», que significa «hormigón crudo«, y fue utilizado por el arquitecto Le Corbusier para referirse a su material favorito: el hormigón. Durante la posguerra, se crearon teorías utópicas sobre la forma en que debían vivir las personas en las ciudades, lo que llevó a los arquitectos a diseñar edificios para albergar estas sociedades ideales.

El crítico de arquitectura Reyner Banham adaptó el concepto a inglés y creó el término «brutalismo» para referirse a los edificios que seguían tres características específicas:

  • Ausencia total de ornamentación.
  • Presentación desnuda del hormigón en las fachadas, donde este material se convierte en el protagonista principal.
  • Tamaño de gran escala, con estructuras como vigas o pilares o fachadas enteras de hormigón que adquieren gran importancia en la percepción del edificio.

Un estilo arquitectónico controvertido

El uso del hormigón permitía a los arquitectos construir edificios enormes debido a su bajo costo y se combinaba con la tendencia a recuperar ciertas formas expresionistas de la escultura abstracta. Esta sencillez en las formas llevaría posteriormente al desarrollo del minimalismo. El brutalismo arquitectónico fue uno de los primeros movimientos arquitectónicos internacionales en «globalizarse«, ya que la alta resistencia del hormigón a climas adversos permitió su uso en lugares como Costa de Marfil y en muchos países de América Latina, donde se convirtió en muy popular.

Una de las críticas más frecuentes hacia este estilo es que el brutalismo parece no tener ninguna relación con lo preexistente y su arquitectura no refleja nada del lugar donde se construye, ya que sólo se prioriza la funcionalidad. Además, aunque el hormigón es resistente y duradero, su mantenimiento puede ser costoso y requerir una gran cantidad de trabajo.

A pesar de estas críticas, el brutalismo ha sido y sigue siendo un estilo de arquitectura muy influyente y ha dejado una huella duradera en la historia de la arquitectura moderna.

Algunos de los edificios brutalistas más famosos incluyen el Edificio Nacional de Brasilia de Oscar Niemeyer, el Edificio Sainte Marie de la Asunción de Le Corbusier y el Edificio Unité d’Habitation de Marselha de Le Corbusier. Aunque en algunos lugares ha sido objeto de controversia y desaprobación, el brutalismo sigue siendo admirado por muchos arquitectos y apreciado por su sencillez y pureza formales.

Brutalismo Madrileño

A pesar de que el brutalismo ha sido un estilo muy criticado y polarizado a lo largo de la historia, es indudable que los edificios brutalistas de Madrid son una parte importante del patrimonio arquitectónico de la ciudad y que han contribuido a su paisaje urbano.

A continuación os dejamos algunos de los mejores ejemplos que podemos encontrar en Madrid:

Torres Blancas, de Sáenz de Oiza, Madrid, 1969


Torres Blancas es un famoso edificio residencial en Madrid que es conocido por su uso del hormigón y su inconfundible estructura con curvas. Se ha calificado también como ejemplo de arquitectura organicista por su aspecto de crecimiento orgánico, como si de un árbol se tratase creciendo hacia arriba, pero también se considera un ejemplo del brutalismo por su uso del hormigón visto y su austeridad.

Aunque es un edificio de lujo, el brutalismo suele ser utilizado para viviendas de bajo coste. Hay controversia sobre cómo se le dio el nombre de «Torres Blancas», pero se sabe que es un edificio de 71 metros que representó un desafío para la arquitectura de la época debido a su uso del hormigón. El edificio también cuenta con el uso de madera y mármol blanco en su interior, y tiene una piscina en su azotea. Fue premiado con el Premio a la Excelencia Europea en 1974.

Torre de Valencia, Javier Carvajal, Madrid, 1973


Es un ejemplo destacado de brutalismo en España debido a su altura (94 metros y 27 pisos). Fue exitoso en términos comerciales por su ubicación y espectaculares vistas del Parque del Retiro desde muchas de las viviendas. Sin embargo, su construcción fue controvertida ya que los vecinos se opusieron porque su estética y altura era muy diferente a las construcciones circundantes, además de obstaculizar la vista desde la Plaza de Cibeles hacia la Puerta de Alcalá.

Torre del Complejo Cuzco, Antonio Perpiñá, Madrid, 1973


La Torre del Complejo Cuzco es un rascacielos de 44 plantas y 144 metros de altura proyectado por el arquitecto Antonio Perpiñá. Este edificio de enormes proporciones tiene una estructura de hormigón y vidrio y se encuentra en una zona comercial y de negocios, en el Paseo de la Castellana, una de las principales vías de circulación de la ciudad. En su interior, alberga diversas oficinas y servicios comunes.

Facultad de Ciencias de la Información de Madrid, José María Laguna Martínez y Juan Castañón Fariña, 1971

Flickr by Sindicato de Periodistas de Madrid


Una de las construcciones más icónicas del brutalismo en España es la Facultad de Ciencias de la Información. Este imponente (y para muchos feo) edificio de hormigón gris oscuro, casi negro, se destaca por sus ventanas doradas, que son el único elemento estético que no sigue el estilo brutalista. La Facultad tiene cinco plantas desigualmente distribuidas entre pasillos, patios y aulas que conforman una distribución interior peculiar. Ganó popularidad en 1996 cuando apareció en la película «Tesis» de Alejandro Amenábar.

Iglesia Nuestra Señora del Rosario de Filipinas, Madrid, Cecilio Sánchez-Robles Tarín, 1970

Luis García (Zaqarbal)


La Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Filipinas es un ejemplo de arquitectura brutalista que a menudo pasa desapercibida debido a su ubicación en una zona densamente construida, donde solo se puede ver su fachada frontal. Este conjunto de iglesia, convento y oficinas fue construido entre 1967 y 1970 por el arquitecto Cecilio Sánchez-Robles Tarín en la calle Conde de Peñalver de Madrid.

El edificio destaca por su austeridad y su claridad formal, resuelta a través de volúmenes separados que corresponden a cada uno de los usos y unificados por el uso del hormigón en bruto, típico del brutalismo. También tiene elementos verticales de gran presencia, como la torre de la parroquia con una cruz que deja pasar la luz a través del hormigón.

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