Cuando diseño interior y arquitectura se dan la mano: Proyecto AM22

“La clave de este proyecto ha sido la puesta en valor de su arquitectura original, una joya de la edificación madrileña no tan fácil de encontrar, y que es tan elegante, como singular”. Así es cómo el arquitecto Iker López Consuegra, fundador del Iker López Estudio, resume la esencia de uno de sus últimos trabajos: una reforma integral -AM22- de una vivienda ubicada en la capital, propiedad de una pareja joven con una niña pequeña, que se ha transformado por completo para dar respuesta a un programa de necesidades basado en conceptos como la flexibilidad, la multifuncionalidad y la modularidad.


La singularidad de la estructura del edificio ha hecho posible el replanteo total del interior de la vivienda que, en su estado original, estaba excesivamente compartimentada, no sacaba provecho a su altura potencial, ni dejaba fluir la luz natural que recibía. El edificio es un alarde estructural que se articula en torno a tres pilares en sus fachadas norte y sur, con vigas que se descuelgan 70cm con perforaciones circulares cada 2 metros diseñadas para poder pasar las instalaciones a través de ellas. Esto ha permitido disponer de una planta totalmente diáfana sobre la que trabajar.

“El edificio tiene detalles como un cargadero continuo para que cada vecino pudiese modificar los vanos de su vivienda sin problema; elementos para reconducir la extracción de las calderas (que unifican y ayudan a modular la fachada), una puerta de garaje que es una auténtica maravilla y un alarde estructural; e incluso propusieron fabricar la fachada con materiales prefabricados. Una absoluta innovación para la época que nos hace ver que sus arquitectos, Ricardo Aroca y José Miguel de Prada Poole, iban claramente por delante de la técnica y la normativa”, explica con entusiasmo Iker López.

Sobre este lienzo, el estudio de López ha trabajado configurado a medida una planta de 135m2, con una altura de más de 3, que deja las vigas originales a la vista y que, con cada detalle planteado, busca suplementar el trabajo arquitectónico preexistente poniéndolo en valor desde su interior. Así pues, el nuevo diseño pasa por una distribución con tres dormitorios, dos baños, un amplio salón con zona de biblioteca y lectura, cocina-comedor, zona de entrada y hasta un espacio específico a modo de trastero.

El nuevo orden de la vivienda, más cálida y apoyándose en materiales nobles como la madera, nace del aprovechamiento longitudinal de las vigas vistas que recorren el espacio de norte a sur. Esas vigas se han convertido en el elemento vertebrador del proyecto marcando los nuevos límites entre las zonas públicas y privadas de la casa y permitiéndonos disponer de programa a ambos lados de las mismas en su recorrido. “Así, hemos cumplido”, añade López, “con los requerimientos y necesidades de los clientes que pedían, por un lado, un buen espacio de cocina, mucha capacidad de almacenaje, un rincón de lectura y la posibilidad de poder acoger invitados ocasionales, sin que esto supusiera condenar una estancia de la vivienda”.

Una cocina con isla volada

La cocina, sin duda, es uno de los puntos fuertes de la reforma. Una zona única y especial por su singularidad, complejidad y conexión con el propio espíritu arquitectónico del edificio que “hubiera sido imposible de imaginar, ni construir, en otra vivienda que no fuera esta”, subraya el arquitecto. En ella, una gran isla volada pende de una de las vigas estructurales del edificio.


Esta isla descolgada se sostiene gracias a unas esbeltas patas de sección variable diseñadas en acero de 8mm, que se soldaron en obra adaptándose a las irregularidades del hormigón de la viga. Estas patas, ocultan, mediante unas tapas, las instalaciones eléctricas. Las patas se unen a un bastidor que posteriormente se forró de madera y Dekton y que alberga la vitrocerámica, cajones y unos enchufes de superficie ocultos. Para crear este bastidor se diseñó una estructura tubular de acero y unos encuentros de esquina, que previamente se probaron en taller, y que permitieron nivelar la isla una vez suspendida con gran facilidad. El conjunto es una pieza monolítica negra que flota sobre la cocina y que contrasta con el roble del resto del mobiliario.

Hemos evitado tocar la estructura y hemos creado una pieza en sintonía con su contexto, resistente y de gran impacto visual.

“La isla la resolvimos técnicamente en nuestro estudio aprovechando la previsión que tuvieron los arquitectos del edificio al hacer los agujeros para pasar instalaciones. Nosotros los usamos para meter unos tornillos Hilti que aprietan dos perfiles de acero que abrazan a la viga sin perforarla, y sobre la que hemos soldado el acero para descolgar la isla. De esta manera hemos evitado tocar la estructura y hemos creado una pieza en sintonía con su contexto, resistente y de gran impacto visual. El proceso ha resultado largo, complejo y laborioso, pero muy bonito, que ha implicado el trabajo impecable de muchos oficios y mucho análisis y bocetaje”. “Ha sido”, resumen desde el estudio, “un micro proyecto arquitectónico en sí mismo”.

El planteamiento de la cocina se nutre directamente de uno de los diseñadores que más gustan en Iker López Estudio: Jean Prouvé. “Pensar en Prouvé fue casi un acto de inercia. Por su lenguaje, sus diseños y su compromiso, es uno de los grandes maestros de la prefabricación, que trabajó todas las escalas desde el taller, aplicando en todas ellas un control técnico y creativo asombroso. Nos gusta creer que existe una clara influencia que nos ha dado la clave para resolver este gran reto de la isla de esta cocina”, comenta el arquitecto.

La zona norte de la vivienda, además de con la cocina, se completa con un comedor conectado a ésta tras la que prácticamente se camufla, a modo de pared, una gran sección de armarios abatibles de suelo a techo.


Las puertas blancas siguen el ritmo del despliegue de la madera de enfrente y su función, además de dar capacidad de almacenaje, es la de no destacar. Asimismo, gracias al ventanal corredero de librillo que preside el comedor, se genera en toda la estancia una sensación de interior-exterior interesante que los propietarios pueden aprovechar al máximo en las épocas de calor.

Sobre el paso de la cocina hay una banda negra a modo de estantería de libros que acompaña a todo el elemento de norte a sur. Banda, que nos vincula en todo momento a la viga que queda oculta tras este elemento generado para convertirse, de nuevo al final, en la zona sur, en un espacio para libros.

Mobiliario a medida con el máximo detalle

Para independizar la cocina, pero sin perderla de vista, se ha empleado un panel que sirve de cerramiento y que intercala dos materiales, madera y vidrio, jugando con el efecto “lleno y vacío”. Ese panel móvil, cuando la cocina está abierta, encaja y descansa sobre una pared con un panelado de madera de roble que continúa con el ritmo de la cocina y oculta un cuarto de instalaciones con equipo completo de aerotermia por suelo radiante y que se aprovechó también para incluir la zona de lavado, concentrando así todas las instalaciones de la casa en el mismo espacio.

Siguiendo el recorrido aparece la zona del salón, para la que el trabajo de mobiliario a medida ha sido esencial. Los módulos de almacenaje empiezan con un armario extraíble para los cascos y chupas de cuero del cliente, aficionado al motociclismo, y continúan con un panelado con apertura de tipo librillo que descubre la televisión y cumple, a su vez, el papel de viseras para evitar los reflejos de la luz del gran ventanal. Debajo se ubican gavetas extraíbles y encima, puertas abatibles. Se aprovecha la capacidad de almacenaje en todo el módulo al cien por cien.

Destacar aquí los tiradores que salen y se ocultan de los cajones y puertas. “Los hemos diseñado y fabricado en madera, y en exclusiva, para esta vivienda. Lo único que los delata es la sombra que hace la silueta del tirador. Se accionan en la parte superior y por palanca permite que el asa se despegue del panel para poder agarrarlo y tirar de él”, detalla Iker López.

Imágenes cedidas: © Iker Lopez Consuegra