Los parques infantiles inclusivos como microespacios lúdicos y de diversión en la ciudad

TEXTO: Carmen Fernández Hernández. Arquitecto Técnico. Dirección de Accesibilidad e Innovación –Fundación ONCE

El desafío de diseñar ciudades sostenibles y habitables para todas las personas se convierte en un gran reto cuando nos centramos en los niños. Se dice que los niños y las niñas son el futuro, y es verdad porque de ellos depende el progreso de las naciones y la continuidad de la humanidad, pero la realidad es que la infancia es el presente y somos los adultos los responsables de formarles y participar en su desarrollo. Una de las formas más efectivas de llevarlo a cabo es mediante el juego.

La importancia del juego en la infancia

El juego nos acompaña desde el principio de nuestros tiempos, ya cuando nacemos movemos las manos y los pies provocando una reacción en las personas que nos rodean. Jugar es una conducta natural a través de la cual ejercitamos las capacidades físicas, emocionales y sociales y es imprescindible para madurar. Además, el juego está ligado a la diversión y el esparcimiento, por lo que resulta una cuestión prioritaria y también es un derecho según se recoge en la Convención de los Derechos del Niño de la ONU.

En las actuales ciudades llenas de coches, con altos edificios y multitud de prohibiciones, los niños y las niñas necesitan espacios para jugar y relacionarse. Los parques infantiles inclusivos en plazas, calles y jardines se convierten en los lugares idóneos para ello. Se trata de crear microespacios correctamente organizados para que, con independencia de las capacidades o discapacidades de los niños y las niñas, puedan jugar y disfrutar en grupo y aprender a convivir en igualdad.

No hay nada más satisfactorio que ver la cara de felicidad de un niño o una niña cuando sabe que va al parque a disfrutar al aire libre, a interactuar con otros niños sin las ataduras que imponen los horarios y las normas de las rutinas del día a día.

Un parque que permite el acceso, pudiendo utilizar los juegos y columpios acorde a los diferentes gustos y necesidades, posibilita la interacción con otros niños y niñas y garantiza la diversión. Y, por ende, la felicidad. Con la actividad física que se realiza mientras se juega, se liberan endorfinas que son las hormonas encargadas de la felicidad y eso repercute en el buen estado de ánimo. Por el contrario, los niños y niñas con discapacidad que llegan a un parque y no pueden usar los columpios, ni incluso entrar en el propio recinto, generan un exceso de cortisol, causante de estados de estrés y ansiedad que les lleva a una situación de decepción y ansiedad.

Afortunadamente, algo está cambiando en la sociedad actual y nos vamos dando cuenta que construir un parque infantil no es solo acondicionar un espacio con farolas, plantas, unos columpios atractivos visualmente y que tengan una rampa, disponer unos bancos, una fuente y un vallado para que no se escapen los niños.

Si desde pequeños los niños y niñas conviven con la discapacidad y la ven con normalidad, la inclusión formará parte de sus vidas para siempre

Hay que dar un paso más y llevar a cabo un cambio conceptual, el objetivo principal sigue siendo el de divertir, pero añadiendo nuevos parámetros. Se trata de crear microespacios entre el cemento y el vidrio de las ciudades que sean atractivos y estimulantes sensorialmente, con un importante valor lúdico, bien diseñados e idóneos en sus ámbitos (variedad de instalaciones, diferentes niveles de altura, mecánicas de los juegos, grados de dificultad…), para que los más pequeños puedan jugar sin limitaciones y sin importar su discapacidad.

Los parques infantiles inclusivos, en los que se considera la diversidad y se crean con criterios de accesibilidad y diseño para todos, no solo los usan los niños y las niñas con o sin discapacidad, también sus familiares y acompañantes con o sin discapacidad, ya que su composición permite el acceso y uso de todos los juegos y columpios de la forma más segura, natural y autónoma posible, independientemente de sus capacidades y de los productos de apoyo que utilicen, como sillas de ruedas, andadores, muletas, etc. Estos parques resultan más divertidos, innovadores y seguros. Además, si desde pequeños los niños y niñas conviven con la discapacidad y la ven con normalidad, la inclusión formará parte de sus vidas para siempre.

Claves para considerar un parque infantil inclusivo:

1. Ubicación: accesibilidad exterior e interior

El parque infantil debe estar ubicado en un lugar accesible, con al menos un itinerario peatonal accesible que lo conecte con los viales próximos y las plazas de estacionamiento reservado, y estará correctamente señalizado. Es importante conocer la afluencia prevista tanto de usuarios como de acompañantes y conocer la orientación y las condiciones climáticas para posibilitar sombras y controlar el viento y las corrientes. En el interior se cumplirá la accesibilidad según los criterios técnicos marcados en la normativa vigente, relativos a la entrada, itinerarios peatonales, zonas de mobiliario y espacios de juego. No existirán resaltes ni diferencia de nivel entre las áreas de juego y las áreas circundantes para permitir el libre movimiento tanto a niños y niñas y acompañantes con ayudas para la movilidad. Será necesario conocer los servicios cercanos existentes, así como la infraestructura disponible para instalación de iluminación, sistema de riego, disposición de fuentes de agua potable y otros elementos.

2. Utilización de los elementos naturales

Es importante considerar la vegetación para proporcionar riqueza visual, táctil, auditiva y olfativa, además ayudará a la mejora de la calidad del aire, al control climático, creando sombras en las zonas de estancia y en las zonas soleadas y protección contra el viento. Se recomienda considerar la incorporación de jardines sensoriales que estimulen los sentidos, así como aprovechar el factor educativo por la información que reciben los niños y las niñas al observar los cambios de las plantas. La vegetación también puede ayudar a conseguir zonas acústicamente más confortables donde determinadas personas (usuarias de audífonos, con fonofobia, etc.) se sientan más cómodos. Por otro lado, el propio terreno puede proporcionar experiencias dinámicas y favorecer las habilidades espaciales de los niños, por lo que puede ser una buena propuesta aprovechar la topografía del terreno con sus desniveles y accidentes para crear pendientes por las que el niño pueda rodar, gatear, escalar o arrastrarse. Al jugar en el suelo los niños están al mismo nivel, es más fácil el contacto visual y se sienten más seguros. Y, por último, posibilitar el juego con el agua y la arena estimula la creatividad de los pequeños, por lo que se considerará un arenero y una fuente o arroyo.

3. Evitar segregación por edades y tamaños

El parque debe ser un lugar en el que cualquier persona pueda jugar y disfrutar con independencia de su edad, tamaño o constitución. El espacio, los juegos y columpios y el mobiliario deben garantizar que nadie se sienta discriminado por no coincidir con la ergonomía o dimensiones estándar. Todos los recursos y elementos existentes deben permitir a todos los usuarios y usuarias participar y jugar según sus gustos, necesidades y capacidades, para lo que se incorporarán equipos con diferentes valores de juego y varios niveles de desafío para que cada niño elija su mejor opción, huyendo de la segregación y de los conflictos en el uso que generan los columpios de uso exclusivo a niños con alguna discapacidad. Se puede considerar la incorporación de elementos de juego de personas mayores, así como la incorporación de otros sectores de la población a disfrutar y ejercitarse al aire libre. La interacción entre distintas generaciones de personas, desde edad temprana hasta la tercera edad, proporciona una experiencia social más rica y diversa.

4. La seguridad y el uso de los pavimentos

La seguridad de los niños y las niñas es lo primero, por lo que se garantizará que cada componente cumpla con la normativa europea UNE-EN 1176 (Requisitos generales sobre seguridad infantil). Los niños/as deben jugar con riesgo controlado y seguros. En cuanto a los pavimentos, serán accesibles, duros, estables, antideslizantes en seco y mojado, sin piezas ni elementos sueltos. La colocación y mantenimiento del pavimento será continua y con ausencia de resaltes y otros obstáculos. No se admite la utilización de tierras sueltas, grava o arena, pavimentos que no aseguran la accesibilidad. Los pavimentos utilizados en las zonas de seguridad de los elementos de juego serán accesibles independientemente del nivel de amortiguación que necesiten por la normativa de seguridad. Se recomienda el contraste cromático con la utilización de distintos colores para la diferenciación de las zonas de juego y espacios de circulación, como ayuda a la orientación espacial. El pavimento es el elemento que más ha preocupado en los últimos tiempos, sobre todo en lo referente a la seguridad, priorizando los suelos anti impacto que amortiguan la caída, primero con la loseta de caucho reciclado y posteriormente con el pavimento continuo del mismo material en distintos colores y diseños, para diferenciar las distintas zonas y facilitar la orientación y localización a los niños y niñas con resto visual.

5. Elementos de juego inclusivos

El parque tendrá diferentes zonas, con áreas para juegos físicos, para el juego social que estimulen la imaginación, otras que proporcionen experiencias sensoriales y otras que inviten al sosiego. En estas zonas se dispondrán diferentes elementos de juego que pueden ser independientes o parte de una estructura de juegos combinados. No todos los niños y niñas tienen el mismo nivel de desarrollo físico y cognitivo, pero si tienen la misma necesidad de jugar y pasarlo bien, de montar en el juego más divertido y de llegar al punto más alto. Para ello, en algunos casos necesitarán a un adulto, por lo que los juegos deben garantizar el acceso y uso por parte de acompañantes adultos. Los juegos y columpios deberán permitir su acceso, uso y disfrute a los menores y sus padres o acompañantes con o sin con discapacidad física, cognitiva y/o sensorial. En general, todos los elementos de juego que permitan un valor lúdico diverso y distintas alternativas de acceso, uso, manipulación y agarre unido a la seguridad, aportarán un mayor grado de satisfacción a una mayor extensión de personas, con o sin discapacidad. Las categorías de juego se pueden dividir en:

  • Elementos de juego a nivel de suelo. Se accede a ellos a nivel de suelo mediante una ruta accesible. Algunos ejemplos son la casita (Estos modelos de las casitas, los patios y los mostradores fomentan el contacto social y la comunicación entre todos los niños y son auténticos refugios para los niños con autismo que les permiten estar solos y observar tranquilamente), trampolín a ras de suelo (los niños en silla de ruedas pueden colocarse en el centro y, con ayuda de la persona que les acompañe, disfrutar de la sensación de rebotar).
  • Elementos de juego elevado. Se realiza el acceso por encima del nivel del suelo y para acceder a las cotas superiores e inferiores se utilizan escaleras, rampas y/o plataformas de transferencia. Son los toboganes (proporcionan sensación de velocidad sin que el niño tenga que hacer ningún esfuerzo durante el descenso), juegos de rotación individual o en grupo (proporcionan una buena estimulación sensorial y motriz. Los niños experimentan la velocidad y la fuerza centrífuga), columpios (combinan coordinación motriz y estimulación sensorial y desarrollan la sensación de que el cuerpo se mueve en el espacio. Además, la repetición del movimiento genera un efecto tranquilizador), muelles (desarrollan las habilidades motrices y el sentido del equilibrio y proporcionan agradables movimientos de balanceo) y balancines, juegos temáticos, camas elásticas (desarrollan las habilidades motrices, fortalecen los músculos y fomentan la coordinación y el equilibrio, areneros (es una actividad didáctica para niños con capacidad de estímulo sensorial, motriz, social, cognitivo y creativo), juegos combinados elevados, juegos de interacción, juegos temáticos (desarrollan la imaginación, la fantasía y las relaciones interactivas) y otros.

6. Zonas de estancia

Estas zonas de estancia complementan al parque y deben poder ser utilizadas por los niños/as y sus padres o acompañantes que esperan mientras estos juegan y disfrutan. Han de ser accesibles y disponer de un mobiliario con criterios ergonómicos (con respaldo, reposabrazos y materiales resistentes a la intemperie y acordes a las condiciones climatológicas), que estén bien ubicados para posibilitar su acercamiento, dispongan de un espacio de 1.50 m para ubicar sillas de ruedas, andadores o carritos de bebes, no invadan las zonas de circulación y en especial el itinerario peatonal accesible y han de cumplir con las condiciones marcadas en la legislación vigente en los espacios públicos urbanizados, en lo referente a bancos, mesas, papeleras, fuentes de agua potable, tótems de información y otros. Se recomienda que las zonas de estancia estén ubicadas en una zona que permita un control visual óptimo de todo el parque para la observación de los menores en todo momento, pero a la vez ligeramente retirado para ofrecer cierto grado de libertad a los niños/as. Estas zonas de estancia, tendrán zonas sombreadas para el control climático, según la estación del año y podrán disponer de una zona de merendero con espacios accesibles que mejorará la calidad de la zona de estancia.

7. Mantenimiento

El parque infantil debe contar con una gestión integral de mantenimiento de todos los elementos naturales y artificiales que lo conforman para que, además de minimizar los posibles riesgos de peligro, se garantice el uso continuo de la instalación, manteniendo intacta la cadena de la accesibilidad.

Las personas queremos ser felices y el juego es el medio para conseguirlo, pero parece que hemos olvidado cómo jugar y socializar y, por ende, cómo empatizar y ponernos en el lugar del otro, volviéndonos más egoístas e introvertidos. Nuestros menores también han modificado su forma de jugar, no tienen tiempo libre, usan videojuegos, ven la televisión y socializan en centros comerciales y espacios de ocio cerrados, limitados y estancos, o individualmente en el interior de los hogares.

Urge reflexionar sobre cómo abordar el juego urbano en el futuro, y para ello es prioritario recuperar las calles, las zonas comunes de los edificios o, incluso, las paradas del metro y autobuses, para crear microespacios inclusivos de juego y disfrute para todas las edades, dotados de elementos de recreo seguros, con un alto componente lúdico, que proporcionen experiencias motrices, sensoriales, cognitivas y sociales, incluso con tecnologías electrónicas en los juegos. Y todo ello con la garantía de la accesibilidad para humanizar la ciudad y conseguir que la sociedad avance sin descartar a nadie por la capacidad o discapacidad que pueda tener. La inclusión beneficia a todas las personas con o sin discapacidad, permite relacionarnos, conocernos, ser más optimistas, aceptar la diversidad y ser más felices.

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