ON-A arquitectos proponen reconvertir el puerto de Barcelona en un gran parque

El estudio barcelonés de arquitectura ON-A, dirigido por Jordi Fernández y Eduardo Gutiérrez, presenta una nueva propuesta de transformación urbana en el puerto de Barcelona. El proyecto Parc Blau imagina un posible futuro para la zona que ofrece la oportunidad de renaturalizar el espacio, convertirlo en un parque, llenarlo de vida y permitir que los ciudadanos puedan disfrutarlo sin renunciar a los servicios actualmente establecidos en la zona.

Parc Blau, el reencuentro de Barcelona con el mar

¿Es posible transformar el puerto de Barcelona en un gran parque urbano? La propuesta no es solo una idea experimental para reflexionar sobre el futuro de las ciudades, es un proyecto que podría aplicarse y hacerse realidad.

Siguiendo la línea de la idea presentada en 2020 por ON-A para convertir el estadio del Camp Nou en un gran parque de 26 hectáreas, ahora el estudio presenta otro ejemplo de re-naturalización que permitiría a la ciudad de Barcelona ganar nuevos espacios verdes para los ciudadanos, creando un nuevo foco de ocio, cultura, biodiversidad y relajación para la ciudad. Un parque en el que pasear, nadar, correr, hacer deporte, tomar el sol o nadar, del que podrían disfrutar vecinos y visitantes, en el que la playa, el puerto y la ciudad se fusionan y se conectan en perfecto equilibrio.

El puerto de Barcelona ha sido una infraestructura que históricamente ha mirado hacia el mar, con un carácter bastante hermético, pensado para ofrecer servicios logísticos e integrado parcialmente al ocio y la cultura de la ciudad. La propuesta de Parc Blau propone abrir este espacio, repartir los servicios entre la plataforma logística y el Port Vell, permitiendo que éste se expanda hacia el interior de la ciudad, creando un nuevo y gran espacio urbano para el disfrute de los ciudadanos.

Actualmente, el 80% del perímetro del puerto es inaccesible por los ciudadanos, empezando en el Paseo de Colón, que se interpreta como una gran barrera arquitectónica que hace que la accesibilidad sea compleja o incluso inexistente en algunos puntos. En total, se extiende un perímetro de cerca de 9.500 metros, un 88% de acceso privado y solo un 12% destinado a acceso público. Todo este espacio tiene el potencial de convertirse en un gran parque capaz de descongestionar la zona y conectar los barrios adyacentes de Ciutat Vella, el Raval, Paral·lel y la Barceloneta.

ON-A anima a los ciudadanos y administraciones públicas a re-imaginar la zona y dialogar para marcar un plan a largo plazo que haga posible transformar la ciudad en un ejemplo mundial de cómo la arquitectura, el urbanismo y los servicios privados pueden coexistir en un mismo lugar sin renunciar a la comodidad, la sostenibilidad y el disfrute de la ciudadanía.

La propuesta se podría desarrollar en varias fases y estrategias. Por un lado, se modificaría la línea perimetral que separa el puerto de la ciudad, permitiendo el acceso a los ciudadanos a distintas zonas de ocio, restauración, cultura y administración. Por otro lado, se añadiría un gran paseo verde que conecte el nuevo perímetro y que recoja el flujo de todos los barrios adyacentes. A lo largo del paseo se distribuirían todas las actividades y servicios pensados para el ciudadano, tanto en tierra como en mar. La transformación daría lugar a un parque que además tendría un “lago” artificial al que poder llegar en piragua, pádel surf u otras actividades marítimas.

La ciudad de Barcelona ya vivió una gran transformación en 1992, cuando se recuperó gran parte del litoral y más de 10km de playas. Ahora se tiene la oportunidad de volver a realizar una gran operación que permita conquistar el perímetro de estos 10km de playa, convirtiendo Barcelona en una ciudad más verde y más inclusiva para el ciudadano y sus visitantes.

Según datos del Open Data de Barcelona, Ciutat Vella es un distrito con una población de más de 104.507 habitantes, pero solo tiene 74 Ha de zonas verde y 10.760 árboles. Es decir, un ratio de 0,10 árboles y 7 m² de verde por habitante. Según la OMS los valores mínimos para una correcta calidad de vida serían de 0,33 árboles/habitante y 10-15 m² de verde/habitante.

La ciudad sigue teniendo una urgente cita con el futuro sostenible y debe renaturalizarse para sobrevivir y seguir creciendo. A día de hoy, Barcelona se puede definir como una urbe densa, congestionada y con una llamativa falta de grandes zonas verdes, más allá del pulmón externo que es la sierra de Collserola. Esta visión cobra más sentido que nunca tras la pandemia, que nos ha demostrado las contradicciones y carencias de la ciudad, resaltando la urgencia de aplicar nuevas ideas y desarrollos urbanísticos distintos e innovadores.

Imágenes cedidas: ON-A