La reforma integral de Torre Bizkaia de Bilbao es reconocida con el Premio NAN 2021 al mejor proyecto de rehabilitación y reforma

La torre Bizkaia —antigua torre del BBVA—, situada en el número 1 de la calle Gran Vía de Bilbao, es un edificio cuya construcción finalizó en 1969 y que fue destinado originalmente a uso administrativo, alojando la sede del banco Bilbao Vizcaya. El edificio dispone de una superficie de 30.400 m² divididos en tres sótanos y 22 plantas sobre rasante que alcanza una altura próxima a los 90 m. Cincuenta años después de su construcción, se ha realizado una reforma integral del edificio a cargo de IDOM que ha permitido la implantación de un uso comercial en las seis primeras plantas, manteniéndose el uso administrativo en el resto del edificio (un 65% de la superficie total). Dicha reforma ha sido galardonada con el Premio NAN 2021 al mejor proyecto de rehabilitación y reforma.

Dado el estado del edificio fue necesario un vaciado completo del mismo, manteniendo únicamente la estructura para acometer una reconstrucción integral. La estructura del edificio, formada por pilares y vigas metálicas que según la memoria del proyecto original fueron recubiertas de hormigón a efectos de protección contra el fuego, también ha sido reformada con refuerzos generalizados en las plantas comerciales y en las plantas administrativas donde se prevén usos de pública concurrencia, adaptándose así el edificio a las nuevas sobrecargas y requerimientos normativos. A excepción del bloque central de ascensores y escaleras de la torre, el resto de los núcleos de comunicación han sido demolidos y sus huecos forjados con el objetivo de generar en unos nuevos núcleos de comunicación otras ubicaciones. Asimismo, se han realizado otros cambios estructurales de gran calado fruto de condicionantes funcionales del área comercial, como la implantación de un hueco que une cinco plantas del edificio con escaleras mecánicas y que ha requerido la eliminación de una de las vigas principales del edificio. Esto ha supuesto la necesidad de generar nuevos elementos de arriostrado para asegurar una correcta transmisión de cargas y esfuerzos horizontales que se producen fruto de la nueva configuración.

Otro de los aspectos claves de la reforma ha estado centrada en la fachada del edificio, protegida por la normativa municipal. De manera previa al comienzo de la redacción del proyecto constructivo de fachada, se realizó una labor de investigación, toma de datos y levantamiento topográfico para poder reproducir la geometría exterior de la misma y poder construir una fachada de idénticas características a la original, corrigiendo las modificaciones que el edificio sufrió a lo largo de los años.

La fachada original estaba compuesta principalmente por un muro cortina (sistema stick) con montantes y travesaños de aluminio. Este muro cortina intercalaba paños acristalados y módulos ciegos. Los paños acristalados, que suponían un 40% de la superficie de la fachada, estaban compuestos principalmente por vidrios con cámara de 2,4 m de ancho por 2,2 m de alto, si bien en el cuerpo bajo y coronación de la torre disponía de vidrios de menores dimensiones donde la modulación era de 1,2 m de ancho por 2,2 m de alto. El tipo de vidrio instalado originalmente se denominaba comercialmente como “pink-rosa” que proporcionaban el color característico del edificio, especialmente en días nublados.

Dado el estado del edificio fue necesario un vaciado completo del mismo, manteniendo únicamente la estructura para acometer una reconstrucción integral

Los módulos ciegos estaban formados por un panel sándwich sin apenas aislamiento y que disponía en su cara exterior de un panel de aluminio fundido a efectos exclusivamente decorativos. Este panel estaba separado unos centímetros del panel sándwich, sujetándose en sus cuatro extremos con fijaciones puntuales. En las zonas ciegas del edificio, tras el núcleo de ascensores y escalera de emergencia, la fachada estaba compuesta por una fachada de fábrica sin aislamiento, donde también se instalaron paneles de aluminio fundido decorativo, que se atornillaron directamente al cierre de albañilería. En ambos casos, estas fijaciones no permitían la dilatación del material que se deformaba para poder absorber los esfuerzos por los cambios de temperatura. Por lo tanto, tras 50 años, las placas presentaban numerosas patologías, con alabeos y abombamientos considerables, así como fisuras fruto de la imposibilidad de una libre dilatación. Debido a la contaminación, especialmente en sus primeros años de vida en un Bilbao industrial, las placas de aluminio habían perdido su brillo y color natural del aluminio, quedando recubierto por una pátina oscura de un tono negruzco.

Al no existir constancia del proceso constructivo sobre la ejecución de los paneles de aluminio, se visitaron fábricas de fundición de aluminio, donde se pudo concluir que el vertido del aluminio fundido se produjo sobre un molde de arena química sin tapar, de tal manera que las rugosidades de su cara vista se produjeron por las retracciones del aluminio al solidificarse en contacto con el aire. Son estas rugosidades y vibraciones las que confieren a la placa su principal característica formal y expresiva (lo que en una fundición sería la cara mala de la pieza).

Imágenes cedidas: © Aitor Ortiz