La neuroarquitectura y las sensaciones de la naturaleza

TEXTO: Fernando Pozuelo. Fernando Pozuelo Landscaping Collection. www.fernandopozuelo.com @Jardindeautor

La naturaleza es vida. Todos lo hemos podido experimentar en algún momento en primera persona. Dar un paseo por el campo, respirar el aire puro, visualizar un entorno verde… En definitiva, estar en contacto con la naturaleza nos proporciona una serie de beneficios que nos ayudan a mejorar nuestra salud física, mental y emocional.

En arquitectura, hemos hablado en varias ocasiones de movimientos que sitúan a la naturaleza en el centro de su esencia, como es el caso de la arquitectura biónica, que huye de las formas arquitectónicas básicas para apostar por las líneas curvas de estructuras biológicas y de formas varias de la naturaleza. O la arquitectura orgánica, que apuesta por un tipo de construcción que se inspire y se mimetice con la propia naturaleza. Pero en esta ocasión queremos destacar un movimiento que busca transmitir en su diseño ese sentimiento de bienestar que nos proporciona al ser humano la propia naturaleza.

Es lo que se conoce como neuroarquitectura, que no deja de ser una cuidada fusión entre la neurociencia y la arquitectura para buscar potenciar las sensaciones positivas en el comportamiento humano, calmando el estrés o la ansiedad. Esto obliga al arquitecto a llevar a cabo su diseño teniendo muy presente las emociones y sensaciones que quiere transmitir, para después incidir en los elementos concretos que tienen que formar parte de su obra para conseguirlo. Las sensaciones que nos evoca todo esto se pueden medir desde un nivel neurofisiológico, a través de la actividad cardíaca y el electroencefalograma con la actividad cerebral.

La importancia de estas cuestiones se ha puesto más en valor durante este último año, cuando el hecho de pasar más tiempo que nunca en nuestro hogar nos hizo ser conscientes de la importancia de tener un espacio bien acondicionado y del impacto que tiene en nuestro bienestar personal.

Todo esto se consigue gracias a esos elementos que inciden directamente en nuestro estado emocional, pequeños detalles que determinan esa relación positiva con nuestro entorno como pueden ser la cantidad de luz, el color, la temperatura, el diseño o incluso los aromas, aspectos muy tenidos en cuenta por este tipo de arquitectura. Por ejemplo, los espacios abiertos y el uso de luz natural potencian en nuestro cerebro la activación de lo que se conoce como las ondas alfa, que son la base para mejorar el potencial de nuestra mente, y se activan cuando trabajamos en procesos de relajación. Por el contrario, los espacios que están excesivamente decorados y recargados producen en las personas una sobreestimulación, lo que trae como consecuencia un aumento de la frecuencia cardiaca. Por supuesto, no podría faltar el contacto con la propia naturaleza en el hogar, lo que nos proporciona una sensación de bienestar que incide en nuestra capacidad de concentración y de memoria.

Como vemos, la naturaleza está cada vez más presente en nuestro entorno, aunque no sea de forma literal, pero si hay algo que tenemos que tener en consideración es que debemos aprender mucho más de ella, adquiriendo todos los conocimientos que podamos implementar fuera y potenciando todos los beneficios que podemos recibir.

Imágenes cedidas: Shutterstock