Transformación de una nave de almacenaje de hilo en un complejo de vivienda social

La transformación de la nave G de la antigua fábrica de Fabra & Coats de Barcelona, a cargo de Roldan & Berengué Arquitectos, se incluye dentro de la recuperación de este complejo textil de los siglos XIX y XX para incorporarlo a la red de “las fábricas de la creación de BCN”. Se aportan así al barrio de Sant Andreu más de 28.000 m2 en equipamientos y también, por primera vez en este tipo de actuaciones, en vivienda social.

La nave G fue construida en 1905 para almacenar hilo. Tiene 100 m de largo por 15 de profundidad y 11 de altura y está dividida en dos plantas por un forjado intermedio de hormigón.

La estructura, fachada y cubierta es una unidad construida en fábrica de ladrillo macizo, teja árabe y estructura interior de acero, con una crujía de 3,36 m de ancho que se repite 25 veces. En el nivel de cubierta, se suceden a su vez 24 cerchas de acero laminado.

Esta lógica constructiva industrial, según la cual el edificio se podría resumir en la repetición de una única sección transversal, se transformaba cuando entrabas en él porque la visión de toda la longitud de la nave se imponía sobre el aspecto repetitivo del módulo.

La intervención en la nave activa todos sus elementos originales para el nuevo programa y reutiliza sus cualidades físicas, espaciales e históricas para hacer más eficiente la nueva construcción y reforzar la naturaleza del edificio original.

  1. Al tratarse de una nave de 100 m de largo, la primera decisión pasa por poner en valor su máxima dimensión que es la longitud: se accede por el centro creando una plaza interior desde la que se inicia el recorrido de las escaleras en doble diagonal ascendente que comunica física y visualmente toda la nave desde la planta baja hasta las cerchas de la cubierta. El vestíbulo relaciona también la nave con la calle Parellada y con la plaza interior del recinto de Can Fabra. Este espacio comunitario en cascada es la nueva aportación estructural al edificio original.
  2. La nueva construcción es por “ensamblaje”, es una construcción en seco realizada, al igual que en la nave industrial, con muy pocos materiales. Se usa mayoritariamente la madera, en todas sus formas: maciza, aglomerada, contralaminada… y se ensambla a la manera de un tejido. Coser y descoser, la nueva construcción puede ser montada y desmontada: es “reversible”. La nave podrá retornarse en un futuro a su estado original de 1905, como corresponde a un bien patrimonial, y los materiales usados en la construcción podrán reciclarse.
  3. La nave existente actúa como amortiguador térmico de las viviendas. Las nuevas viviendas se separan de las fachadas y la cubierta originales de la nave y tienen su propia fachada de madera. Se crea un espacio intermedio por donde circula el aire con el objetivo de que no haya que climatizar las viviendas durante la mayor parte del año. La pared de 45 cm de ladrillo y la cubierta de teja cerámica de la nave original aportan con su masa aislamiento térmico y actúan a la vez de umbráculo para el nuevo edificio interior, a la vez que mantienen su presencia como fachada interna de los espacios comunitarios. En este espacio intermedio están las calles interiores de acceso a las viviendas, reconociendo así lo que era el antiguo recorrido de los paquetes de hilo con los puentes grúa y las cintas transportadoras.
  4. Se reutilizan estructuralmente los dos suelos interiores de la nave. Se usan sin ningún tipo de refuerzo para apoyar en cada uno de ellos los dos nuevos niveles, ya que se pasa de dos plantas de almacén a cuatro plantas de vivienda. Para hacerlo se usa una estructura de madera, ya que es 5 veces más ligera que la de acero y permite no superar la capacidad de carga de 1.100 kg/m2 de la nave original. La estructura en “frame “de madera es una traslación de las antiguas estructuras de acero usadas como estanterías para el almacenaje de hilo.
  5. Acción: Patrimonio industrial + vivienda social + recinto cultural. Los espacios comunitarios del vestíbulo se pueden ocupar de una forma totalmente libre y dan lugar a un espacio de relación vecinal en el que el intercambio de ideas y el uso común de estos espacios forman parte de la vida diaria de los ocupantes. La interacción entre las viviendas y el recinto cultural tiene como objetivo construir sinergias y relaciones entre los artistas del recinto y los ocupantes de las viviendas (algunos de ellos son los mismos artistas que trabajan en el recinto), generando un espacio de oportunidad para intervenciones temporales y dando así al edificio una complejidad añadida en relación al recinto de Fabra & Coats.

La intervención en la nave activa todos sus elementos originales para el nuevo programa y reutiliza sus cualidades físicas

Imágenes cedidas: © Jordi Surroca + Gael del Río