Cuando la naturaleza otorga una segunda vida a la arquitectura

TEXTO: Fernando Pozuelo. Fernando Pozuelo Landscaping Collection. www.fernandopozuelo.com @Jardindeautor

Durante los últimos años hemos sido testigos de un rápido y agresivo proceso de urbanización, congregando a la mayor parte de la población y las principales actividades económicas en grandes ciudades. Esto ha ido acompañado de un desarrollo urbanístico que ha priorizado el cemento frente a la naturaleza, dando como resultado urbes que nos envuelven en sus construcciones, olvidándose de los entornos verdes.

Si al proceso de urbanización le sumamos el rápido desarrollo tecnológico, la globalización y el desarrollo industrial, tenemos como resultado el auge y la caída de diversos sectores industriales, que durante este tiempo han provocado el abandono de edificios industriales y otros espacios e infraestructuras derivados de antiguas actividades comerciales.

Otorgar una segunda vida a estos espacios se ha convertido en todo un reto urbanístico, llegando a ser tendencia en grandes ciudades como Nueva York, con los conocidos como loft, que surgieron precisamente para convertir un espacio calificado de uso industrial en una vivienda. Además de esto, han encontrado un nuevo uso en forma de centros culturales, multiusos, instalaciones deportivas u oficinas. Pero, ¿y si en lugar de esto lleváramos a cabo una renaturalización de estos espacios para minimizar el impacto de la urbanización?

El contar con un espacio verde dentro de una ciudad proporciona innumerables beneficios a las personas que viven en ella, como puede ser la regulación climática o la reducción de los niveles de contaminación. Pero es que, además, estos jardines urbanos se convierten en áreas que promueven la biodiversidad. Introducir la naturaleza en estos lugares nos ayuda a potenciar todas las bondades que nos proporcionan, además de mitigar la problemática de muchas ciudades que cuentan con pocos espacios verdes.

Esto se puede ver representado en una intervención llevada a cabo por el paisajista Piet Outdolf en unas antiguas vías de ferrocarril en desuso dentro de la ciudad de Nueva York. El conocido como High Line Elevated Park es un proyecto que marcó un antes y un después en esta tendencia. Sobre estos raíles se ha constituido todo un jardín elevado de más de dos kilómetros de extensión que cuenta con una gran variedad de especies de vivaces, gramíneas, arbustos o pequeños árboles como el Zumaque Rhus, convirtiéndose en un punto de referencia dentro de las actividades turísticas de la ciudad.

Otro ejemplo del poder de transformación que tiene la naturaleza es el Taiyuan Botanical Garden, en la ciudad de Taiwán. Se trata de un jardín botánico espectacular, que cuenta con un conjunto de colinas, lagos, pasarelas y cascadas que integran la construcción de tres invernaderos abovedados donde se pueden encontrar un gran número de especies vegetales de todos los rincones del globo. ¿Cuál es su particularidad? Que se trata de una antigua mina de carbón reconvertida en un espacio en el que la naturaleza es la clara protagonista. 

Esta tendencia de renaturalización y transformación de elementos urbanos también se puede observar en nuevas construcciones o espacios de la ciudad, como es el caso de jardines verticales, cubiertas vegetales o proyectos como el que ha sido aprobado en la ciudad de Lanzarote, donde se ha propuesto convertir todas las paradas de taxi de la isla en una infraestructura amable, sostenible, y bioclimática. Además, cuenta con un jardín xerófilo en el techo de la misma, siendo la vegetación una parte intrínseca del diseño.

Todo esto pone de manifiesto las diferentes opciones de las que disponemos para reconectar nuestras ciudades con la naturaleza y cómo, en nuestra condición de ciudadanos, podemos beneficiarnos de todo lo que esta aporta a nuestra salud y bienestar.