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Diez claves sobre la industrialización en la arquitectura

Texto: Francisco Mangado

En los últimos meses se viene hablando mucho de la industrialización en la arquitectura, especialmente en el ámbito de las inmobiliarias y constructoras, también en el institucional y por parte de algunos arquitectos. El término se repite como un mantra. Algunos lo hacen desde la perspectiva del futuro de un sector económico que está sufriendo y va a sufrir evidentes transformaciones en los sistemas constructivos y en el tipo de recursos productivos empleados. Otros simplemente movidos por una suerte de moda comercial intentando explotar una oportunidad más de negocio sin saber o pensar demasiado en lo que debe significar hoy industrialización. El objetivo de este escrito es intentar sustanciar el significado de un concepto tan viejo como la construcción misma —la utilización de un simple ladrillo implica si no industrialización si prefabricación—. El concepto de industrialización muta adaptándose en cada lugar y tiempo si quiere ser de verdad un instrumento útil.

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Edificio de la nueva Sede de Norvento bajo la firma de Francisco Mangado. ©Juan Rodríguez

Es verdad que la modernidad dotó a la industrialización de un contenido ideológico, convirtiéndolo en un objetivo de calidad igualitaria, casi mítico, pero también lo es que los frutos no fueron todo lo halagüeños que se prometían. Prejuicios culturales que rechazaban la igualdad y la repetición por considerarlas masivas e impersonales, la ausencia de un capital que arriesgara a favor de un concepto que resultaba a ojos del público demasiado novedoso y por ello arriesgado, así como la estrechez de muchas políticas económicas, impidió el éxito definitivo. Sin embargo, hoy la industrialización, en el particular mundo en el que nos movemos, se hace sencillamente imprescindible siendo prioritario redefinir los objetivos que han de dirigirla. No vale hablar de ella en términos genéricos, abstractos, y conviene redefinirla. Glosamos a continuación algunas características fundamentales que el concepto de industrialización, ya muy alejado del más reducido y limitado del de prefabricación, ha de incorporar como esenciales en su significado actual:

  1. La industrialización ha de entenderse desde su esencia como un instrumento dirigido a la consecución de los objetivos medioambientales aplicados a la ciudad y la construcción. Precisamente son los procesos industriales los que permiten una valoración, con procedimientos exactos y rigurosos, de los costes reales de la construcción detectando una evaluación precisa de cualquier deseconomía que en términos medioambientales pueda producirse. Igualmente son los procesos industriales, en la medida que sustituyen a los tradicionales, los que pueden hacer que el concepto de economía, entendida como la adecuada relación entre medios y fines, se incorpore al proceso creativo de la arquitectura convenciendo de una vez a los arquitectos de que este factor puede y debe ser tan valioso como cualquier otro para el ejercicio de nuestra profesión con el máximo grado de compromiso, eficacia y belleza. No vale pues un simple enunciado de voluntades, hay que ser preciso.
  2. La industrialización ha de formar parte sustancial del concepto de economía circular aplicado a la ciudad y a la construcción, algo que en muchas ocasiones entra en colisión con la manera de entender el negocio por parte de los agentes promotores y constructores.
  3. La industrialización hoy ha de abordarse incorporando necesariamente la robótica, la inteligencia artificial y otros avances. Es precisamente la robótica la que logra superar el límite de la cantidad mínima ligada a la rentabilidad, es decir el de la repetición o masificación, planteando la perspectiva de lo que podríamos calificar como una nueva artesanía, por ahora costosa, pero que a buen seguro reducirá sus precios en el futuro inmediato.
  4. Así planteada, la industrialización ha de incluir entre sus objetivos la de ayudar a la transformación económica y laboral, en todo caso estructural, implícita en el proceso de sustitución del hacer tradicional, basado en la utilización intensiva de un factor trabajo poco cualificado —en España existen muy pocas escuelas de calidad dirigidas a la formación profesional en la construcción—, por una que utilice un factor trabajo selectivo y altamente cualificado. Transformación que además de mejorar la calidad, implicará una más fácil incorporación de la mujer a la construcción así como una sustancial disminución de los accidentes laborales. Mediante la selección de proyectos y de las áreas de investigación oportunos, la industrialización ha de ayudar a facilitar esta transición entre ambos modelos económicos y a disminuir, en la medida de lo posible, su coste social. En este sentido, el avance de los procesos industriales y robóticos en nuestro trabajo puede ser la puerta necesaria para generar escuelas de formación con alto valor profesional y personal, generando una estructura capaz de dotar de una vez a la construcción de una calidad hasta ahora costosa de alcanzar.
  5. En lo que a la educación se refiere los procesos industriales y robóticos deben ser una oportunidad para motivar una profunda transformación en la enseñanza de nuestro oficio en las escuelas de arquitectura. No están cambiando los objetivos de la arquitectura, sí sus instrumentos. No podemos seguir enseñando los mismos instrumentos a utilizar y, a la vez, no podemos dejar de enseñar los fundamentos que por atemporales y esenciales de nuestra profesión, nos permiten poder entender mejor lo específico de nuestro tiempo. Sirva de ejemplo la historia de la arquitectura y su construcción.
  6. La industrialización y la robótica no puede ser ajena al contexto industrial y económico en el que se desarrolla, pues ha de ser este contexto el que debe imponer los ritmos y el grado de desarrollo de los procesos. En esta línea, la investigación sobre los nuevos usos de materiales existentes, sobre nuevos materiales, sobre sistemas donde prime lo articulado frente a lo empotrado etc. han de plantearse de una manera progresiva y equilibrada en función de las capacidades de evolución técnica, y la capacidad de transformación social, previamente existentes, en cada lugar. Son globales los principios pero específicos los casos. Solo así la transformación será eficaz y estimulará la riqueza de lo local, permitiendo que muchas industrias previamente existentes se transformen sin destrucción del tejido social.
  7. En coherencia con lo anterior, la industrialización no ha de plantearse como superación del contexto, antes bien ha de ser un estímulo para el desarrollo simultáneo de lo específico. No puede dejar de lado el contexto pues ello, en la medida que resulta contradictorio con los principios de economía y sostenibilidad bien entendida, empobrecen las posibilidades de la evolución creativa en nuestras sociedades. La robótica, como ya se ha dicho, ayuda a esta coexistencia entre la universalidad que implica la industrialización y la afirmación y evolución de lo específico. La contradicción entre arquitectura industrializada y arquitectura contextual es solo aparente.
  8. La industrialización ha de significar el aumento de la calidad arquitectónica. Estamos hablando de un instrumento para hacer mejor arquitectura. Si no no tendría ningún sentido. Por un lado, no ha de ser reductora de la excelencia y la capacidad creativa del autor, pero al mismo tiempo ha de lograr que el grueso de la construcción de nuestras ciudades, que hoy difícilmente podemos llamar arquitectura, vaya avanzando en la consecución de esta categoría. En otras palabras, ha de perseguir la búsqueda de la calidad urbana y arquitectónica, construyendo mejor, con mejores acabados y en mejores tiempos, y ello sin depender de la bondad del autor.
  9. La industrialización ha de tener conciencia social. En otras palabras, ha de aplicarse con voluntad expresa de recortar las distancias sociales medidas en términos de arquitectura. Y por ello ha de aplicarse fundamentalmente y rápidamente en la construcción de vivienda social, particularmente en la de alquiler, demostrando su capacidad de reciclado y de adaptación a la evolución de la unidad familiar. Si bien es verdad que hablamos de una transformación conceptual del método constructivo y por tanto aplicable, en mayor o menor medida, a cualquier edificio, es en la tipología de la vivienda donde las virtudes y objetivos del proceso pueden llegar a manifestarse con las mayores cotas de calidad y eficacia económica y social, abriendo de nuevo un camino, el del compromiso social, que en ocasiones la arquitectura había abandonado. Nuestro país necesita de vivienda de calidad de manera rápida, con eficacia y calidad arquitectónica y constructiva, ayudando con ello a paliar situaciones ya extremas. Estoy convencido que es en la industrialización y en los nuevos sistemas como la robótica y la inteligencia artificial donde tanto los arquitectos, como los promotores, se puede encontrar el mejor instrumento en orden a su consecución.
  10. El último punto es quizás el más fácil de entender. La calidad arquitectónica y constructiva supone una mejora de los tiempos de ejecución y una mayor capacidad de adaptación futura, todo ello ha de hacerse con un ahorro de costes o, al menos, con un mantenimiento de los mismos y por lo tanto de los precios de venta, aprovechando todas las economías de escala que el proceso de industrialización pueden generar en beneficio del usuario y no sólo de los agentes inmobiliarios.

«No están cambiando los objetivos de la arquitectura, sí sus instrumentos» Francisco Mangado

Es obvio que estos diez puntos pueden verse completados y ampliados. También discutidos. Solo espero que sirvan para entender que hablar de industrialización en la arquitectura y en la construcción ha de ser objeto de contenidos que tienen que ver con presupuestos sociales y con la realidad de nuestro tiempo, implicando profundas transformaciones económicas, sociales y estructurales, y que lejos de una cuestión que se cita sin mayor reflexión o de manera repetitiva, cuando no como estrategia simplemente comercial, ha de estar repleta de objetivos en relación con la responsabilidad medioambiental, económica y social.

Obras sobre el autor:

MG 5017 Juan Rodriguez ∏fotos
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