Elisa Valero: «Mi compromiso medioambiental y social hacen que el planeta Tierra sea mi primer cliente»

Elisa Valero considera que la arquitectura no es tarea para nostálgicos, sino para rebeldes, prima la constancia antes que la genialidad, pone en alza la coherencia frente a la composición artística y entiende la originalidad como el redescubrimiento del genuino sentido de las cosas. Un recorrido por tierras granadinas te acercará a su arquitectura, su estudio ha firmado desde una iglesia hasta una escuela, pasando por una zapatería, una galería de arte, una clínica dental o un centro social en Granada. ¿Damos un paseo por la histórica ciudad andaluza?

Fotografías: Fernando Alda

Desde tu primera obra, el restaurante Manantiales de Félix Candela en Xochimilco, has llevado a cabo un sinfín de encargos. ¿Cómo ha evolucionado tu manera de proyectar durante estos años?

Mi manera de proyectar no ha cambiado, sigo acercándome a la arquitectura con curiosidad, intentando proyectar con precisión y resolver los problemas de la forma más natural posible, trabajando con la luz y con sobriedad en el uso de los materiales. Lo que sí ha cambiado son las herramientas de trabajo, los sistemas constructivos que he ido explorando me han abierto nuevas posibilidades.

Mencionas las importancia de la luz… No hay duda de que esta tiene un lenguaje propio: ¿De qué habla la luz en tus proyectos?

En cada proyecto la luz habla de la vida, aunque lo hace de distintas maneras. Con su lenguaje propio del color, y la sombra que se ajusta al contexto, al uso, al paso del tiempo, a las personas que habitan el espacio.

Si tu arquitectura fuese un juego, ¿cuáles serían sus reglas para poder ganar la partida? ¿Cómo definirías la arquitectura por la que apuestas a día de hoy?

Las reglas son las del compromiso medioambiental y social, que me llevan a intervenir minimizando los recursos utilizados y a pensar en el planeta Tierra como mi primer cliente y en las futuras generaciones que han de habitarlo como mi familia.

Una afirmación que no es solo teoría, sino que está presente en tu práctica profesional. Desarrollas proyectos vinculados al reciclaje arquitectónico y la sostenibilidad, ¿qué nuevos sistemas constructivos de bajo coste y baja energía pondrías en alza?

El uso de la madera en sus distintas formas, que por fin empieza a ser asequible en España. Es un material de gran calidad con grandes prestaciones estructurales que reduce la huella de carbono. Un gran aliado para conseguir un futuro más sostenible.

Pongamos como ejemplo las ocho viviendas experimentales en el Realejo en Granada, ¿qué destacarías de su construcción?

Que se utiliza un sistema experimental de bajo coste y baja energía. Se trata del sistema Elesdopa, patentando por un ingeniero de la Universidad de Granada, Manuel Rojas, que presenta grandes ventajas estructurales frente al sismo y permite prescindir de muchos acabados y, por lo tanto, se logra reducir el coste de la construcción.

“La arquitectura es como una partida de ajedrez en la que cada movimiento influye en lo que viene después”

Centro polivalente en Lancha del Genil (Granada).

¿Consideras que la sociedad necesita repensar la forma de vivir o, incluso, la manera de habitar? Si analizamos la planta de una vivienda de los años 80 tampoco veremos enormes diferencias. Sin embargo, ¿han cambiado los usos?

Sí, considero que hace falta un cambio en la cultura de habitar, las viviendas deben cambiar porque cambian las necesidades, por ejemplo, cada vez más la cocina se integra en la sala de estar, no por falta de espacio sino porque es un lugar de donde se comparte el tiempo y se hace la vida.

Si nos fijamos en la casa Neiman, observamos que sus dueños trabajan convirtiendo desechos industriales de la cerámica en materia prima para producir nuevas piezas, ¿qué aporta este nuevo uso al proyecto?

Una vez más trabajamos con la experimentación y la innovación en pro del respeto por el medio ambiente. Se trata aquí de reducir los deshechos industriales y el consumo de materias primas. Por otro lado, las cerámicas resultantes son de gran belleza y aportan calidez y luz al espacio.

En busca de la estética… ¿Cómo se hace patente tu vinculación al mundo del arte en tus diseños?

Mi madre era pintora, por lo que desde pequeña he estado cercana al mundo del arte. En mi trabajo siempre que es posible colaboro con artistas —ahora por ejemplo con Eduardo Barco— que son capaces de ir más allá de lo evidente y aportar belleza en el trabajo cotidiano. La última obra del patio de los valientes en el hospital Virgen del Rocío en Sevilla o el centro Maktub del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid son ejemplo de ello.

En el caso de este último ejemplo, ¿cómo ayuda la arquitectura a que los más pequeños superen un periodo de aislamiento en un entorno más amable?

Creo que el entorno tiene mucha influencia en nuestro estado de ánimo, siendo responsable de que aumente o disminuya nuestro estrés. Se trata de crear espacios en los que se esté a gusto, y no solo los pacientes, sino que el personal sanitario también alcance el máximo bienestar posible. Espacios serenos y con cierto carácter lúdico en los que el uso del color y la luz natural sean los grandes aliados.

Si bien no es justo hacerte elegir entre tus obras, ¿cuál consideras que ha marcado un punto de inflexión?

Es difícil elegir porque cada obra, cada proyecto, nos cambia, la arquitectura es como una partida de ajedrez en la que cada movimiento influye en lo que viene después. De las obras que considero más importantes son la galería para Plácido Arango y mi propio estudio, porque es donde paso gran parte de mi tiempo.

Este “centro de operaciones” se encuentra cerca de la Alhambra, en una ciudad como Granada con un inmenso legado histórico y cultural donde se enmarca el grueso de tus trabajos. ¿Cómo consigues que pasado y presente convivan? ¿En qué medida tus proyectos están enraizados en esta tierra y en su propio tiempo?

Vivimos en ciudades llenas de historia, nosotros somos parte de ella, continuadores de la herencia cultural y patrimonial que hemos recibido. Esas son nuestras raíces, que nos revelan nuestra identidad y nos permiten avanzar hacia el futuro sin miedo. Mis proyectos, y todo mi trabajo, están comprometidos con los problemas y retos del mundo contemporáneo. Especialmente, siento la responsabilidad del cuidado del medio ambiente y la búsqueda de nuevos sistemas constructivos que reduzcan el consumo de materiales y la huella ecológica de lo que hacemos. Me preocupa, y me ocupa, el futuro del planeta.

Vivimos en ciudades llenas de historia, nosotros somos parte de ella, continuadores de la herencia cultural y patrimonial que hemos recibido